
A veces algunos de esos rasgos que nos caracterizan y que suponen ya parte de nuestra personalidad acaban por cansarnos, haciendo que nuestro único deseo sea aprender cómo disimularlos.
Esto es algo que a menudo nos ocurre con nuestros ojos, con los que nunca parecemos estar contentas: Si son grandes nos gustaría que fueran más pequeños, si los tenemos verdes nos gustarían más en color azul o negro, y así con un largo etcétecera.

