Elegir la mejor peluquería


No sé tú, pero yo le tengo un cariño a mi pelo que noto que me lo agradece con cada cosita que le hago. Tampoco es que esté todo el día a ello, pero sí que es verdad que le dedico su tiempo, sus cuidados y sus tratamientos. Todo ello lo conseguí gracias a la peluquería a la que fui desde niña, donde ya se arreglaba mi madre, también mi abuela… y me llenaron de consejos que hoy, lejos de allí, aún sigo manteniendo.

Por eso mi post de hoy es un tributo a mi peluquera, una persona que empezó cortando las puntitas de un bebé y acabó siendo mi más fiel consejera, en aspectos de belleza y en muchos otros de la vida. Cuando oigo a alguien decir que va a la “mejor peluquería”, procuro estar pendiente de los motivos que le llevan a tal afirmación, y los he oído muy variados: porque es la más cara, o porque está ubicada en unos grandes almacenes, o porque pertenece a una famosa cadena, etc. No pongo en duda que muchas de ellas sean buenas, pero seguro que si voy allí me llamarán Sra. Otero, y a mí me gusta ser Marian, sólo eso.

La mejor peluquería es la que te acierta, la que da con lo que estás buscando, la que no te infla a productos para levantar el ticket, la que no te pone el último corte de moda cuando sabe que no te favorece. La mejor peluquera es aquella que, cuando un día no puedes con tu vida y le dices “corta”, te ofrece un café y te pregunta por tus problemas, y al final no te corta el pelo, sabedora de que fue un arranque y que mañana te arrepentirías. La mejor peluquería está muy cerca, sólo tienes que tener la misma suerte que yo y dar con ella.

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