Transmitir hábitos de belleza de madres a hijas

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Muchas de las madres de hoy en día son mujeres jóvenes que ya tienen hijas adolescentes, una situación que en ocasiones nos lleva a exclamar expresiones del tipo “pero si parecen hermanas”, ya que la diferencia de edad apenas es tan notoria y en esto tiene mucho que ver la herencia genética, una dieta equilibrada y, por supuesto, los cuidados que se realizan en sus rutinas de belleza diaria.

Cuando somos bebés nuestras mamás nos bañan, nos ponen cremitas, colonia, nos peinan… y después todo eso va quedando para nuestra propia higiene personal, pero no por ello debemos olvidarnos de que la adolescencia es un tramo de edad muy importante para nuestro cuerpo y nuestra piel, ya que sufrimos grandes cambios hormonales que definirán casi de por vida nuestro aspecto físico.

Por este motivo es importante que en esta edad exista una especie de reencuentro rutinario de belleza y que las mamás acostumbren a sus hijas a conseguir una buena rutina de belleza diaria, en donde será fundamental limpiar bien el rostro todas las noches y ponerse una cremita hidratante equilibrante cada mañana, de modo que esos cambios hormonales no traigan consigo un exceso de grasa que se transformará en granitos, espinillas, y que podrá durar muchos años.

Es importante que madre e hija no se vean como “el enemigo” y que compartan “secretos de baño”, una buena sintonía donde también es la hija la que puede aportar nuevas ideas y tratamientos a su madre. La cuestión es que una adolescente se habitúe desde la edad más temprana a que el cuidado del cuerpo sea una costumbre y así evitar la pereza que a muchas les da empezar a cuidarse más allá de los 30. Eso sí, cada una necesitará unos productos específicos para su edad.

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