Pintarse los labios en 2012


Hace una década, el mundo de la cosmética disfrutaba de un verdadero boom en cuanto a la aceptación de un nuevo producto: el gloss. Palabra inglesa cuyo simple significado es “brillo” y que pronto empezaron a vender todas las marcas, tanto de alta cosmética como de gama popular. Aún más, si no tenías un “gloss” no eras nadie.

La verdad es que el concepto de brillo en los labios cuajó con tanto éxito porque es realmente favorecedor, por lo que, después de salir al mercado como una textura gelatinosa transparente con la que aportar una sensación acuosa en tus labios pintados o desnudos, pronto asistimos a un verdadero desfile de colorido de lo más variado. El gloss nos permitió pintarnos los labios de rojo, de naranja, de morado… de tonos que jamás habíamos probado ni utilizado, y que la idea de poder llevarlo de un modo sutil, brillante y semi-transparente, hizo que todas nos engancháramos a él.


A partir de ahí, ya fue la locura. Se empezó a añadir una discreta purpurina dorada o plateada para la noche de Fin de Año, especialmente en brillos con esas festivas tonalidades, pero la idea también gustó, así que…¿por qué no?, vamos a llenar de purpurina todos los labios del mundo.

El siguiente paso, (porque había que seguir innovando y explotando este producto sin igual), fue añadir ingredientes “cosquilleantes” que aportaban a tus labios un efecto volumen, algo que convertía tu boca en algo más llamativo, si cabe. Hasta las barras de labios en formato tradicional tuvieron que aportar eslóganes tipo “efecto gloss” para seguir vendiendo la barrita de toda la vida.

Pues bien, cuando todos creíamos que el siguiente paso ya era llamar al cirujano de Carmen de Mairena, ¡va el gloss y desaparece! Y nos deja aquí, huérfanas de brillo, con nuestros labios limpios, en color maquillaje, y muy sutilmente perfilados, y sin saber qué hacer con esos kilos de brillo que tenemos en cajones, bolsos y neceseres. Vaya desde aquí mi homenaje a un producto que, reconozco, en mí también ha causado furor. Adiós, querido gloss, y gracias por estos años.

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