La extraña cara de Isabel Preysler al envejecer
Hace unos meses criticábamos la imagen tan artificial que suele lucir Isabel Preysler entre cirugía estética y photoshop. En aquella ocasión podíamos ver alguna fotografía en la que era más que evidente que sin esos trucos y retoques, esta señora tiene arrugas igual que cualquier mortal. Ahora la situación va un poco más allá, porque no solo está arrugada, sino que también tiene una fealdad bastante rara.

Ayer la agencia EFE repartió una imagen de Isabel con su marido, Miguel Boyer, que acompañaba unas declaraciones del exministro sobre su recuperación tras la peligrosa intervención a la que se sometió hace poco. Sorprende ver que en esa foto, él luce mejor a sus 73 años y después de esta operación, que ella a sus 61 y dedicada por completo a la moda y la estética. Su cara no es fruto de los malos momentos ni la tensión, sino de las consecuencias de no permitir que la naturaleza siga su curso.

La extraña cara de Isabel Preysler al envejecer
En el post que escribí en noviembre, decía que no tengo nada en contra de esta señora, pero sí en contra de los abusos que otras publicaciones hacen al mostrar una imagen que no corresponde con la real. Hoy sigo manteniendo ambas apreciaciones, pero también incluyo la necesidad que hay de empezar a potenciar una madurez con dignidad. Puede que Isabel estuviera bien operada en un principio, pero con los años se está convirtiendo en una “cosa rara”. Es posible que si nunca se hubiera operado, ahora luciría una imagen menos joven pero más digna y natural.

La extraña cara de Isabel Preysler al envejecer
No obstante, hay publicaciones como ¡HOLA! que siguen pasándole el rodillo y borrando todo rastro del tiempo, tal y como se puede apreciar en la comparativa entre ambas fotos. Creo que ya va siendo hora de que revistas y campañas publicitarias empiecen a considerar que la vejez es una etapa más en la vida, y que nada tiene de malo que la piel pierda su tono y tersura. Parece que quisieran mandar el mensaje de que estar joven y guapa es lo único que cuenta, como si la 3ª edad no tuviera cabida en la sociedad.